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Frutillas en zona excluida: la reconversión hortícola que rompe el monocultivo en la ciudad

En el área de amortiguamiento urbano, donde las restricciones a los fitosanitarios frenan a los cultivos tradicionales, la familia Flores revive la tradición quintera con genética estadounidense de vanguardia y riego de precisión para transformar un límite legal en una ventaja competitiva

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El mapa productivo de Pergamino suele dibujarse con trazos gruesos: verde soja, amarillo maíz. Pero, en la franja periurbana de la ciudad -allí donde el avance de la urbanización choca con la necesidad de producir- las reglas de juego cambian drásticamente. Las restricciones vigentes para la aplicación de fitosanitarios actúan muchas veces como un freno de mano para la agricultura extensiva tradicional. Pero donde muchos vieron un lote condicionado por las leyes locales, Pablo Flores descubrió un oasis de alta rentabilidad pintado de un rojo intenso. Se trata de un modelo de reconversión que combina la memoria del suelo nicoleño con biotecnología importada, demostrando que las zonas de exclusión periurbana no representan el fin de la actividad económica rural, sino el inicio de una agricultura de precisión mucho más estratégica.

Las restricciones vigentes para la aplicación de fitosanitarios actúan muchas veces como un freno de mano para la agricultura extensiva tradicional. Pero donde muchos vieron un lote condicionado por las leyes locales, Pablo Flores descubrió un oasis de alta rentabilidad pintado de un rojo intenso.
Se trata de un modelo de reconversión que combina la memoria del suelo nicoleño con biotecnología importada, demostrando que las zonas de exclusión periurbana no representan el fin de la actividad económica rural, sino el inicio de una agricultura de precisión mucho más estratégica.
La horticultura no es una novedad para la familia, pero el enfoque de mercado sí lo es. Después del retiro forzado de su padre, Juan, por motivos de salud, Pablo abandonó las aulas universitarias para regresar al barro con un diagnóstico puramente comercial: si hace décadas Pergamino producía frutillas y hoy el mercado local dependía de la oferta externa, la gran oportunidad estaba en cubrir ese vacío.
Infocampo (Lucas Mich)

En la quinta familiar, bautizada comercialmente como “Doña María”, las frutillas ganaron terreno de forma acelerada, pasando de una hectárea experimental a dos hectáreas plenamente productivas.

La clave del éxito no radica solo en la escala, sino en el manejo del tiempo. Las plantas del establecimiento provienen directamente de Estados Unidos. La variedad elegida, California Fortuna, aporta un atributo crítico para los márgenes del negocio: la precocidad. Al conformar los lomos cubiertos con plástico negro en febrero y plantar en marzo, el cultivo logra ingresar al circuito comercial los primeros días de septiembre. Entrar antes que el grueso de la oferta nacional permite a la marca vender su producción como “primicia”, capturando los picos de precio más altos de la temporada antes de que el mercado se sature de oferta.
Desarrollar un cultivo intensivo de alto valor en pleno corazón de la región núcleo bonaerense exige mitigar los riesgos climáticos al mínimo. El invierno y las heladas tardías representan una sentencia de muerte para la flor de la frutilla. Para blindar la inversión, el establecimiento implementó un sistema de ingeniería a pequeña escala basado en microtúneles plásticos que actúan como un escudo térmico, combinados con un sistema de riego íntegramente por goteo abastecido por perforaciones propias. El manejo sanitario en un entorno de amortiguamiento urbano requiere, además, un monitoreo diario y casi clínico. Sin el paraguas de las aplicaciones masivas tradicionales, el control de plagas como la arañuela roja o el hongo botritis se realiza de forma estrictamente preventiva.
El verdadero sostén económico del proyecto es su estructura operativa, basada en una integración vertical absoluta que elimina los eslabones intermedios de la cadena. Mientras Pablo gerencia el campo, sus hermanos administran el local comercial “Frutas y Verduras Juan” en el casco urbano de Pergamino. Esta sinergia les permite absorber picos de cosecha masivos -que en plena temporada superan las 500 cajas de cinco kilos por día- derivando el excedente directamente al Mercado de Fisherton en Rosario y a puntos estratégicos de Buenos Aires.
El éxito del modelo ya impulsó planes para reintroducir cultivos intensivos de tomate y morrón bajo las mismas pautas de precisión. En los márgenes de la capital del agro, la periferia demuestra que la sustentabilidad y la rentabilidad pueden hablar el mismo idioma.
Infocampo (Lucas Mich)

Fuente: Con información de Infocampo (Lucas Mich)

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