
Sarmiento impulsó la escolarización de los hijos de inmigrantes, promovió la formación docente y sentó las bases de la educación pública como herramienta de integración social. Su visión de la escuela como espacio de igualdad marcó un rumbo que aún sostiene la idea de la educación como derecho.

Sin embargo, la conmemoración también trae a la memoria a docentes como Carlos Fuentealba, asesinado en 2007 durante una protesta, y a Sandra Calamano y Rubén Rodríguez, fallecidos en la explosión de la Escuela N°49 de Moreno en 2017, tragedias que evidencian la precariedad del sistema.

Hoy, la profesión enfrenta salarios por debajo de la línea de pobreza, sobrecarga laboral, pérdida de prestigio y falta de reconocimiento. A ello se suman la precariedad edilicia y la falta de financiamiento que obliga a los propios docentes a sostener con recursos personales las instituciones. El deterioro del vínculo con los estudiantes, marcado en ocasiones por la falta de respeto, refuerza la sensación de desvalorización.
El Día del Maestro, entonces, no solo rescata la figura de Sarmiento y de quienes ya no están, sino que exige repensar el presente de una tarea esencial para la democracia y el futuro colectivo.



